Entre otras muchas cosas, desde hace un tiempo, estoy embarcada en un nuevo proyecto personal y familiar: encontrar dónde fue enterrado mi abuelo que murió en la guerra civil española. Para ello tan solo cuento con unos pocos papeles y una docena de cartas que mi padre guarda dentro de una caja de zapatos.

He dado miles de vueltas entre los pocos papeles y cartas pero hasta día de hoy no me había parado a leerlas y, quizás sea porque tengo un nivel de empatía demasiado alto y en cualquier cosa que leo me sumerjo,  sus cartas transmiten además de cansancio mental y físico, tristeza y es que acababa de nacer su primer hijo y no puedo verlo más que en una foto en blanco y negro.

Al leer su última carta donde al final le decía a mi abuela “dicen que la guerra tiene que terminar algún día pero lo veo lejos. Siempre pienso en ti” no he podido evitar acabar llorando.

Después de unos años mi abuela con una masía a cuestas, un niño de pocos años por subir y una posguerra más dura que la misma guerra, se volvió a casar y desgració su vida al lado de un hombre que nunca la hizo feliz.

Las guerras deberían estar prohibidas.

Ayer murió Fraga, una lástima que muriera antes de pasar por la justicia. Sé que no esta bien hablar mal de una persona fallecida así quesolo le deseo que tenga la misma paz que todos aquellos que murieron por su culpa.
Advertisement